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Paradise



(2005)
Título japonés:
Rakuen: Nagasarete
Director:
Toru Kamei
Intérpretes:
Shion Machida
Yuko Ejima
Hideo Sasaki
Fujiko
Kozo Sato
Takashi Nomura
Ikko Suzuki
Bengal

Erika Tadano (Shion Machida), famosa ex-presentadora de televisión, se presenta como candidata a las elecciones locales en la isla sureña de Kyushu para tomar el relevo político de su padre. Ayudado por los asistentes de este último, el grupo recorre la localidad. Insoportable, arrogante, orgullosa y de muy mal carácter, Erika está lejos de ser la candidata ideal para esta zona de pescadores. Debido a su amistad con su padre, un pescador (Bengal) y su hijo Yohei (Hideo Sasaki), quien está aprendiendo el oficio, la ayudaran a desplazarse a otras islas colindantes para proseguir con su campaña electoral.

La noche anterior a la partida, en la cubierta del barco, Yohei, tras un ataque de celos, golpea a su esposa (Fujiko). Ésta cae por la borda y Yohei, en vez de ayudarla, huye dejándola por muerta. Al día siguiente Yohei regresa a la embarcación y se une al grupo. En la primera isla que visitan, Erika se enzarza en una pelea con un votante quien le arroja un cubo de agua. Empapada, Erika se niega a proseguir con la campaña y se queda en la isla junto con Yohei mientras esperan al resto del grupo. Como este tarda en regresar, Erika, impaciente, le pide a Yohei que robe un bote para regresar al puerto principal. Yohei a regañadientes hace lo que dice pero se olvide de comprobar el nivel de combustible del tanque y se quedan a la deriva. De ahí a un poco avistan una isla desierta donde convivirán durante los siguientes días.

PARADISE no hace más que confirmar la figura de Toru Kamei como uno de los directores japoneses más interesantes del momento. Sin llegar a alcanzar el éxito internacional de crítica de su predecesora (SHINJU ELEGY), PARADISE fue, sin embargo, a mi entender uno de los mejores largometrajes del año pasado. Kamei nuevamente elige como protagonistas de su historia a una pareja singular reunida de manera fortuita. La excepción aquí es que Kamei hace un esfuerzo mayor para negar a la audiencia cualquier tipo de identificación con estos dos personajes. A pesar de este esfuerzo, Erika y Yohei son personajes atípicos de la colección de estereotipos que abundan en el cine japonés. Por una vez Erika y Yohei parecen haber sido sacados de la vida misma. Su personalidades, aunque irritantes, los hacen de los más interesante y genuinos.

Por una lado tenemos a Erika, una mujer moderna, que de alguna manera recuerda a las mujeres de los filmes de Shohei Imamura como por ejemplo Tome (Sachiko Hidari) en THE INSECT WOMAN. Con la diferencia de que mientras que Tome se ha tenido que hacer así misma, Erika es una niña mal criada que siempre lo ha tenido todo. Ambas comparten sin embargo el mismo instinto de supervivencia que las ayudarán a seguir adelante a pesar de las adversidades. Por su parte, Yohei es también típico de muchos hombres que pueblan el mundo de Imamura, un damena yatsu, un tío inútil y un auténtico desastre en la cama. No sólo golpea a su mujer y luego huye como una gallina sino que igualmente muestra su extremada ineptitud cuando, una vez en la isla desierta, es incapaz de procurar víveres para él y Erika, quien no para de hostigarlo. Los actores que dan vida a estos personajes lo bordan y la interpretación que Shion Machida nos brinda de Erika tiene que haber sido una de las mejores del 2006. Como ya he dicho anteriormente el personaje de Erika, irritante pero también con sus debilidades, supone un antídoto al desfile de mujeres artificialmente adorables que sacan a relucir sus caretos inmaculados, libres de lunares, en las pantallas de cine y televisión.

En el mundo civilizado, Erika no tiene rival. Con su lengua envenenada es capaz de humillar y poner por los suelos a cualquiera. El simplón de Yohei es un plato fácil desde el principio y Erika lo torea a su antojo y lo trata como a un esclavo, lo que no hace más que reflejar la extrema soledad de Erika. Sin embargo, en la isla desierta, la fuerza bruta y no la labia reina. En estas circunstancias Erika se ve neutralizada, especialmente cuando necesita conseguir comida de un náufrago chino (Katsuya Kobayashi) incapaz de hablar o entender japonés. Erika se deja violar por este último, pero por lo menos consigue lo que quería: comer. Este instinto de supervivencia permite que Erika se adapte al nuevo entorno y haga uso de su cuerpo para sobrevivir, y no será la única que lo consiga.

Kamei parte de una trama familiar en la que dos personas de género, clase social y personalidades opuestas confluyen y deben hacer un esfuerzo para ayudarse. Náufragos en una isla desierta tampoco es un tópico original. No obstante, la evolución de la relación no va acorde con el clásico cuento de Hollywood. Y el omnipresente dilema de si cambiarán o no quizá no se ajuste a la expectativas de algunos, lo que precisamente convierte a PARADISE en un largometraje de lo más estimulante.

De nuevo los tonos grises y verdes dominan en la paleta del director de fotografía y la lluvia vuelve a jugar un papel principal en las escenas más intensas en este trabajo imprescindible..

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©Joaquín da Silva
Fecha de Publicación: 4/06/2007