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Record of a Living Being

(También conocida como I Live in Fear o What The Birds Knew)
Título original:
Ikimono no Kiriku
Año:
(1955)
Director:
Akira Kurosawa
Intérpretes:
Toshiro Mifune
Eiko Miyoshi
Yutaka Sada
Minoru Chiaki
Haruko Togo
Kyoko Aoyama
Kiyomi Mizunoya
Akemi Negishi
Takashi Shimura

El dentista Harada (Takashi Shimura), es también un voluntario en el departamento de relaciones domésticas del tribunal familiar de Tokio. Uno de los casos a los que tienen que prestar sus servicios es el de Kiichi Nakajima (Toshiro Mifune), un viejo que quiere emigrar con su familia a Brasil. Nakajima cree que Japón se encuentra bajo una amenaza nuclear y que el sitio más seguro para vivir es America del Sur. Nakajima ha intentado persuadir a su familia, incluidas sus amantes y los hijos de éstas, para que dejen Japón. Su familia, por su parte, a tomado represalías, llevando al patriarca al juzgado familiar para que éste lo declare incapacitado mentalmente. Aunque, Harada se siente profundamente impresionado por el miedo de Nakajima, el juez decide en su contra.

Como ya ocurriera en STRAY DOG, el calor abrasante del verano establece el tono de RECORD OF A LIVING BEING, un elemento importante que contribuye a crear una atmósfera agobiante, desesperada, y en el caso de este largometraje, de inminente fatalismo. Las primeras secuencias en la oficina del juez introducen el enfrentamiento entre Kiichi Nakajima y su familia. Este enfrentamiento se pone de relieve en una angustiosa y opresiva escena creada por el amontonamiento de los miembros de la familia, el juez y los consejeros dentro del plano, acentuada por el continuo batido de abanicos. La tensión que Kurosawa crea es tan enorme que no pasará mucho tiempo hasta que la escena estalle en violencia. Cuando ésto acaba por suceder, los personajes, que hasta el momento se encontraban apelotonados, salen disparados fuera del plano. Kurosawa, utilizando multicámaras durante el rodaje de la película, captura estos movimientos de un forma brillantísima, dándole a la escena un tono de gcinema veritéh.

El tono de la película se volverá más tenebroso cuando la acción se traslada a la casa de la tercera amante de Kiichi, Asako (Akemi Negishi, voluptuosa actriz descubierta por el director Josef von Sternberg, para protagonizar su última película, curiosamente realizada en Japón, Anatahan o La Saga de Anatahan). Aquí, en una toma en cámara rápida, con el sonido de un trueno como único efecto sonoro, vemos a Kiichi saltar de miedo, cuando ve el relámpago y oye el trueno, y salir corriendo en busca del bebé de Asako para protegerlo con su cuerpo. La escena sólo dura unos segundos, los cuales son suficientes para dejar una fuerte impresión del terror que Kiichi padece ante una amenaza nuclear. Este cambio de tono le da una dimensión mucho más seria, que ha sido muy criticada, ya que algunos han mencionado la incierta posición, tanto política como moral, del film. Otros se han referido a la caracterización, un poco incómoda, de Mifune, quien tiene que interpretar un personaje que le dobla la edad.

Sobre la posición política del largometraje, hay que decir que Kiichi se encuentra lejos de representar un modelo perfecto de cabeza de familia, y por lo tanto, falla en proveernos con un mensaje político convincente y racional en contra de las armas nucleares. Tiene tres amantes, una de ellas ya fallecida, y 3 hijos ilegítimos. Más adelante, incluso prenderá fuego a su propia empresa de fundición para obligar a su familia a que lo acompañe hasta Brasil, sin haber reparado en sus empleados, quienes se han quedado sin trabajo. Su comportamiento es el de un animal, incapaz de racionalizar sus acciones, quien se encuentra luchando por la supervivencia. Sería un error politizar tal serio tema sin caer en la simplicidad, especialmente a través de un personaje como Kiichi. Con respecto a la caracterización de Mifune, sólo comentar que cualquiera que pregunte a un/a japonés/a que haya visto la película, les dirá que la interpretación del carismático actor, con la excepción de los kilos de maquillaje que lleva encima, es de lo más convincente.

El comportamiento, casi animal, de Kiichi, contrasta radicalmente con el de su familia. Los miembros de ésta tienen los pies anclados en la tierra, o eso es lo que aparentan. Muy minuciosamente, analizan todas las consecuencias que las acciones de su padre acarrearán. Son conocedores de la ley, en una instancia, la madre regaña a Jiro, el segundo hijo, por hablar casi como un abogado. Todos los miembros de la familia tienen sueños para el futuro, todos son avariciosos y ésta es, en definitiva, la razón principal por la que se permiten ponen sus vidas en peligro. Prefieren morir, aun cuando el peligro es inminente, a perder todo lo que tienen o esperan tener. La avaricia es uno de los temas más recurrentes en la obra de Kurosawa y una de las causas que condujeron a Japón al caos de la posguerra.

Esta avaricia está representada por casi toda la familia, con la excepción de Asako y la hija más joven, pero de una forma muy sutil por Kimie (Noriko Sengoku), la mujer de su primer hijo. Durante toda el film, Kimie permanece callada, manteniéndose al margen de la acción principal. En una escena, cuando toda la familia está discutiendo que hacer con el patriarca, Kimie se acerca a la ventana, para echarle un vistazo a la fábrica de Kiichi, la cual muy pronto pasará a las manos de su esposo. Más tarde, después de que Kiichi haya prendido fuego a la fundición, el último obstáculo entre su familia y su deseo de dejar Japón, vemos a una multitud de gente rodeándole y a Kimie, otra vez, al fondo de la imagen. Kimie comienza a alejarse del grupo, seguida por la cámara, caminando en dirección de los escombros, se arrodilla ante ellos y comienza a llorar. Su futuro, como el de los trabajadores de la fundición, ha sido destruido. Es importante anotar aquí que, una vez que Kiichi se da de cuenta del daño que ha ocasionado a sus empleados, les consuela diciéndole que también se los quiere llevar a Brasil. Este es el comienzo del deterioro mental de Kiichi, principalmente por la apatía de la gente a su alrededor, de apreciar el peligro que corren. Las posibilidades de lograr obtener una vida afluente, en una época donde Japón daba ya muestras de una recuperación económica, son más poderosas que el peligro de una guerra nuclear.

Volviendo al personaje de Kimie, en otra escena, las amantes de Kiichi y la familia de éste, presintiendo que a Kiichi le queda poco de vida, quieren también ser incluidas en su testamento. Las vemos, una vez más, en un plano amontonado con gente, negociando con la familia. Kurosawa, en un brillante movimiento panorámico, sigue los movimientos de Kimie, quien, muy silenciosamente, se mueve de una lado al otro de la habitación tratando de escuchar todas las conversaciones.

Kurosawa, una vez más, confirma su maestría en el montaje. RECORD OF A LIVING BEING representa su primer uso sistemático de multicámaras. Esta técnica ayuda a captar el dinamismo en escenas de acción sin romper su flujo, como por ejemplo la secuencia final de SEVEN SAMURAI de la batalla en la lluvia, donde Kurosawa también utilizó lentes telefoto. Así, es un poco sorprendente, que Kurosawa se decidiera por esta alternativa manera de rodar escenas en una película que se puede considerar bastante estática. No obstante, uno de los momentos más impresionantes en este fabuloso largometraje es una escena con poco movimiento. Ésta ocurre cuando Kiichi está suplicando a su familia para que se vayan con él a Brasil. En una toma frontal media, la familia se encuentra sentada formando un semicírculo; a Kiichi se le ve en el extremo derecho del semicírculo, al fondo del plano. Cuando finaliza su súplica, un silencio se hace dueño de la escena, el cual sólo es roto por los lloriqueos de su mujer y Sue. La tensión, poco a poco, se va acumulando, hasta que al final el hijo más joven dice algo que enfurece a Kiichi, quien comienza a golpearlo.

La última escena es una vindicación de la cruzada de Kiichi. Desde la ventana de la celda del manicomio donde ha sido internado por su familia, Kiichi contempla el sol abrasador. Kiichi cree que el sol es, de hecho, el planeta tierra en llamas, alcanzado por una bomba nuclear. Harada, quien siempre ha comprendido su causa, se encuentra a su lado. Kiichi le dice lo contento que está de que haya dejado la tierra y, así, salvado su vida. De camino a la salida del hospital, Harada se cruza con Asako, quien lleva a su hijo en brazos. Para Kiichi, ellos también han escapado de la destrucción de la tierra. Menos suerte ha corrido su familia, quien había dejado el hospital al mismo tiempo que Harada entraba. El último deseo de Kiichi, después de la súplica a su familia, había sido salvar al bebé de Asako. Este bebé representa el futuro de Japón y fruto de una madre, quien fue la única persona que se dignó a ofrecer dinero a Kiichi para poder emprender su aventura. Su avariciosa familia bajó a la tierra para encontrarse con su propia destrucción.

Japón sólo esperó un año, después de que las fuerzas de ocupación (o como dirían ellos de democratización) americanas dejaran el país en 1952, quienes habían prohibido cualquier tipo de comentario sobre Hiroshima o Nagasaki, para tratar el tema de la bomba atómica. Dos películas-documentales sobre Hiroshima, producidas por la asociación de profesores de Japón, fueron realizadas en 1953, CHILDREN OF THE ATOMIC BOMB, de Kaneto Shindo y la impactante HIROSHIMA de Hideo Sekigawa (algunas escenas de este trabajo aparecen en la película del director francés Alain Resnais, HIROSHIMA MON AMOUR).

No obstante, para muchos críticos RECORD OF A LIVING BEING es una de las mejores películas sobre el peligro atómico. En mi opinión, es incluso una de las mejores del director, quien siempre mostró su decepción por la poca atención que la crítica especializada y el público en general, con la excepción de IKIRU, mostraron por sus trabajos de temática contemporánea. RECORD OF A LIVING BEING consigue poner la carne de gallina. Su poder para convencer del peligro nuclear, con todas las limitaciones que el personaje de Kiichi conlleva, es todavía palpable. La locura de Kiichi no es más desquiciada que la ambición materialista y avaricia de su familia. De hecho, es la apatía del mundo en general, su preocupación por ganancias y posesiones materiales que llevan a Kiichi a la locura.

La reacción del público durante el estreno de RECORD OF A LIVING BEING fue bastante negativa. De hecho, es consideraba como el trabajo que más dinero ha perdido de todos los que Kurosawa ha dirigido. Ironías de la vida, también es uno con el que Kurosawa se encontró más envuelto personalmente. Según el prestigioso crítico de cine japonés Donald Richie, y primer occidental en escribir un libro sobre Kurosawa, la población japonesa del momento ya estaba demasiado preocupada con el tema, y lo único que querían era escapar de la realidad. La producción de RECORD OF A LIVING BEING coincidió con los experimentos de bombas de hidrógeno del ejército americano en el atolón de Bikini. En marzo de 1954 un barco pesquero que se encontraba en el campo de radiación, regresó a puerto con pescado contaminado. Uno de los pescadores del barco, de hecho, murió en septiembre del mismo año, aparentemente debido a la radiación a la que se expuso, aunque más tarde se descubrió que había muerto de hepatitis. Ante este suceso, la población japonesa fue presa del pánico y se abstuvo de comer pescado, especialmente atún (un incidente que Kon Ichikawa parodió en A BILLIONAIRE), durante una temporada.

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©Joaquín da Silva, 2002